Volviendo a La Casa de Dios

Posted on 28 Ene 2018, Pastor: Heynar Muñoz

 

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Génesis 35:1-15

¿Qué es lo que determina si un lugar es sagrado, la edificación o las personas que la habitan? Hoy trataremos de responder esta pregunta, porque tiene implicaciones en nuestra identidad en este mundo.

Es mi deseo que comprendas en esta mañana, que tu vida es la Casa de Dios, lo que te convierte en un lugar sagrado y exclusivo para su adoración, que no puede ser profanado.

La dignidad con la cual hemos sido revestidos por Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, ha superado las expectativas de Abraham, Isaac y Jacob, y ni siquiera fueron imaginadas por los ángeles del cielo, porque solo a través del evangelio hizo posible lo imposible; que personas rebeldes a su nombre, que adorábamos a las criaturas mas que al Creador, pudiéramos llegar a ser la Casa del Dios vivo y Verdadero.

En otras palabras, Dios te ha provisto de una dignidad superior a la realeza, te ha lavado y purificado con la sangre de Cristo convirtiendo tu vida en un altar revestido de todo el esplendor del lugar santísimo, porque su Espíritu ahora habita permanentemente en ti.
Sin embargo, mientras vivamos en esta carne y estemos en este mundo, los dioses falsos continuarán disputando el trono de nuestro corazón, intentarán profanar el lugar sagrado que somos como Casa de Dios, ofreciéndonos protección, paz, y salvación cuando nos vemos afligidos, perseguidos o asediados por el orgullo y el placer.

Cuando el pecado nos invita a hacer alianzas con este mundo, también podremos ser seducidos a adorar a los dioses falsos, a los que les construimos altares espirituales, y la manera en que les rendimos adoración, es deprimiéndonos, con ira, con enojo o con temor. Estos ídolos pueden presentarse como cosas buenas en sí mismas, como una persona, un trabajo, una posición, la necesidad de aprobación, o una relación, que nos desvía de la adoración exclusiva Cristo, quien es el único que merece toda nuestra adoración.

“La idolatría no consiste únicamente en no obedecer a Dios, sino que es una fijación de todo el corazón en algo que no es Dios. Esto no se puede remediar solo con arrepentirse de tener un ídolo, ni usar la fuerza de voluntad para tratar de vivir de una manera diferente… Significa sentir agradecimiento, regocijo, descanso en lo que Jesús ha hecho por nosotros. Conlleva a una adoración gozosa; un sentido de la realidad en nuestra oración. Jesús se debe convertir más hermoso para su imaginación, más atractivo para su corazón que su ídolo. Eso es lo que va a reemplazar a los dioses falsos.” Tim Keller