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Jesús ha dejado en claro que la tradición de los escribas y fariseos no puede invalidar la Palabra de Dios. Esto es importante pues sus tradiciones humanas estaban por encima de la Palabra de Dios.

Era un pueblo especial. Recordemos que ellos presumían de tener a Abraham por Padre (Mateo 3:9). En otras palabras, Israel era el pueblo del pacto y esto le daba una exclusividad sobre todos los pueblos de la tierra.

Es probable que los discípulos eran conscientes de este privilegio, ya que, hasta ese momento, el mensaje de Jesús acerca del reino, sus milagros, su compasión y su revelación mesiánica, habían impartidas solo a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.

Sin embargo, el cumplimiento de las profecías que hasta ese momento se habían escrito cientos de años atrás acerca del Rey, apuntaban a un misterio mayor, Israel no era el pueblo exclusivo del reino, los extranjeros harían parte y gozarían de las promesas del Rey.

En otras palabras: El Rey se compadece de los extranjeros ajenos a sus promesas.