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Humanizar la iglesia hace vana la cruz de Cristo. Ese es el mensaje que escuchamos el domingo pasado, es el mensaje de Pablo en el texto anterior. Cuando entendemos la iglesia de forma humana, inyectándole sabiduría humana, el evangelio, la cruz de Cristo, se hace vana, se vuelve vacía y sin gloria.

Vimos cómo los corintios estaban humanizando la iglesia, pero puedo pensar en por lo menos tres formas en las que nosotros podemos tender a humanizar la iglesia. Pienso en tres actitudes:

 

  • Una actitud consumista
  • Una actitud activista
  • Una actitud individualista.

 

Actitud Consumista

En primer lugar, nosotros podemos tender a humanizar la iglesia a través de una actitud consumista. ¿Por qué está usted en esta iglesia? Alguien puede decir: Porque me gusta la predicación, porque me gusta cómo me hacen sentir, porque me gusta la música, porque me gusta la doctrina… Eso es como decir, vengo a este restaurante porque me gusta la comida, porque me gusta el ambiente o porque me gusta la atención. Eso es una actitud consumista, y así hemos aprendido a ver la iglesia, como una organización que presta un servicio, y entre más atractivo sea ese servicio desde alguna perspectiva (música, atención, enseñanza, instalaciones), más personas se van a quedar.

 

Quiero que noten lo lejos que es esa idea desde una perspectiva bíblica, porque si yo les pregunto: ¿Por qué viven en Colombia? Muy seguramente la respuesta no va a ser: Porque me gusta la gente, me gustan los paisajes, me gusta la comida… hay gente que diría eso, pero no es lo normal. La respuesta normal sería: Porque es mi país, es mi nación, es mi tierra. Nací aquí, y sencillamente Dios decidió que viviera aquí. Esa sería una idea mucho más cercana a la Biblia respecto a lo que es la iglesia. Pero hemos aprendido a ver la iglesia como un restaurante más que como una nación.

 

Actitud Activista

Pero no solamente tendemos a ver la iglesia con una actitud consumista, sino que también tendemos a verla con una actitud activista. Muchos creyentes se sienten más involucrados en la iglesia solo porque pasan tiempo en el edificio, porque dedican días enteros a actividades en el edificio donde se reúne la iglesia. Entonces una persona se siente involucrada en la iglesia, porque llega temprano el sábado y se va a tarde, está en reuniones, ayuda a limpiar o ensaya para algún evento, entre semana asiste a un grupo de comunión y eso es servir, eso es estar metido de cabeza en la iglesia, eso estar involucrado. Pero esa persona nunca ora por sus hermanos, no dedica ni 15 minutos a meditar en las necesidades de diez hermanos y orar por ellos, y finalmente la razón es porque no conoce a sus hermanos, y mucho menos sabe qué necesidades tienen.

 

Ahora imagine a un creyente que su trabajo le exige más de ocho horas de ocupación al día. Solo tiene los sábados para estar con su familia, así que no puede asistir a ninguna reunión, pero ora todos los días por algunos de sus hermanos, les escribe a algunos en la semana preguntándoles cómo están y qué necesidades tienen para poder orar por ellos. Conoce a los miembros de la iglesia y se preocupa realmente por ellos. Ese creyente es mucho más útil que el otro que está “metido de cabeza en la iglesia”.

 

Actitud Individualista

Finalmente, una tercera actitud con la que nosotros podemos humanizar a la iglesia es una actitud individualista. Esa actitud de pensar que ir a la iglesia es algo acerca de mí. Voy a la iglesia a edificarme, voy a la iglesia a adorar a Dios, voy a la iglesia a tener un encuentro personal con Dios, voy a la iglesia a que me ayuden. Esas ideas no son malas en sí, el problema es desconectar en nuestra mente que la iglesia es algo comunitario, que la iglesia es un pueblo no una reunión de in5dividuos aislados. De manera que el pertenecer a la iglesia automáticamente implica que yo tengo una responsabilidad y un oficio qué cumplir hacia mis hermanos, hacia los demás. Ser parte de la iglesia implica una obligación de cuidado, de supervisión y de atención hacia otros.

 

Es como si alguien se casa pensando solo en sí mismo, como si tener esposa e hijos fuera simplemente una cuestión de un beneficio personal, y la persona no se da cuenta que casarse y tener hijos es una responsabilidad hacia otras personas. Por eso hoy el divorcio es tan común y es la misma razón por la que hoy es tan común que los creyentes cambien de iglesia. Porque solo lo ven como una cuestión individual de escoger la iglesia que más se ajusta a sus propias necesidades. Pero quiero dejarlo claro, cambiar de iglesia es como cambiar de matrimonio, porque ser parte de una iglesia es una responsabilidad hacia otros, no una experiencia unilateral y personal que se mide por cuánto la iglesia llena mis expectativas. Si una persona ve el matrimonio así, va a fracasar, así como si un creyente ve la iglesia de forma individualista.

 

Una Convicción para Evitar esas Actitudes

Entonces la pregunta es: ¿Cómo evitar esas actitudes? ¿Cómo evitar en esta iglesia humanizar la iglesia? La respuesta de Pablo es que necesitamos una convicción, una convicción profunda y firme en nuestro corazón. Esa convicción es: La esencia del cristianismo, es decir el evangelio, que es la esencia del cristianismo, es la victoria de Dios sobre la sabiduría humana.