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Aunque parezca extraño, el Dr. Miguel Núñez dice que deberíamos halagar a los ateos e incrédulos, por ser coherentes con sus acciones:

Afirman que Dios no existe y viven realmente como si no existiera, sin ley, sin preceptos, sin absolutos, gozan de la anarquía.

Aseguran que sus vidas son el producto del azar y que no tienen un alma, y viven también como si esta vida fuera lo único por disfrutar.

Dicen que los seres humanos somos una especie de animales superiores, y cuidan a sus mascotas como si fueran humanos, y matan a los niños, aun desde el vientre de la madre, porque arruinan su felicidad.

En otras palabras, podemos “quitarnos el sombrero” ante los representantes del ateísmo, los exponentes de la incredulidad, porque no solo dicen, sino que sus hechos respaldan sus afirmaciones en contra de la autoridad de Dios.

La pregunta que debemos resolver en esta hora es:
¿Qué porcentaje de lo que afirmamos acerca de la autoridad de Dios, es respaldado con nuestras acciones?

En el texto que estudiaremos, recordaremos que a Dios no le importa tanto lo que “decimos” acerca de la autoridad del Rey, sino la forma como obedecemos y nos sometemos a la autoridad del Rey…