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39. Venganza Contra Nuestros Hermanos en Cristo

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Debemos estar completamente satisfechos en Dios y no en deseos de venganza o desquite cuando nos han ofendido levemente o gravemente. Esta promesa es aplicable cuando personas que no son hijos de Dios nos hacen mal por ser nosotros seguidores de Cristo; tarde o temprano esas personas pagarán todo lo que han hecho. Pero ¿que sucede cuando un hijo de Dios nos ha ofendido? ¿Cuándo es un hermano el que nos ha herido de manera profunda? Como creyentes no deberiamos ofender a nadie, pero lastimosamente aun tenemos un cuerpo pecaminoso que nos lleva a ofender gravemente a nuestros hermanos.
Lo que dice la Escritura es que ya no hay condenación para los que están en Cristo, sin embargo hay ofensas que no bastan con perdir perdón. En Isaias 53:6 el Señor nos dice que Cristo llevo todo el pecado de todos nosotros. En 1 Cor.15:3 y Rom. 4:25 podemos ver como Cristo llevó todo nuestro pecado cuando murio en la cruz del calvario. Él vengó todas las heridas que nos han hecho y que nos harán, hablando de ofensas entre creyentes. Cuando pensemos en vengarnos de un hermano, debemos recordar que Cristo ya vengó esa ofensa cuando murio en la cruz del calvario.
¿Qué siente un esposo cuando su esposa lo ha ofendido? El esposo no debería responderle o tener un deseo de desquitarse, por el contrario, mirar a Cristo cuando pagó todos los pecados de todos los creyentes en el mundo. Pero en la práctica muchas veces no es tan fácil, queremos sentir ese sentimiento de frescura y que nuestro hermano pague por la ofensa que nos ha hecho.
El poder para perdonar a otros no viene del tratamiento que Dios ha tenido con el pecado de los demás, sino en el tratamiento que Dios ha dado a nuestros propios pecados.
¿Por qué hay creyentes que a pesar de conocer el perdón de Dios se rehusan a perdonar a otros creyentes? Porque no hemos reconocido el perdón que Dios nos ha dado, no hemos comprendido realmente el valor del perdón del Señor. Sabremos que el tesoro más grande que alguien puede tener es el perdón de Dios.
Sabemos que mis pecados pasados, presentes y futuros han sido perdonados en Cristo, pero en nuestra vida práctica debemos sostenernos en las promesas de gracia venidera, sabiendo que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos de toda maldad.