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37. El Verdadero Amor

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Hay una pregunta acerca de alcanzar los beneficios que trae el amar a nuestro prójimo así como el tener fe en el Señor. La dinámica es la siguiente: primero viene la fe, luego en consecuencia, viene el amor hacia los demás. Es decir que una fe sincera es la fuente del verdadero amor. (1 Timoteo 1:5).
Dios no espera que amemos antes de tener fe, porque Él mismo creó la fe como el principal componente del amor al prójimo.
 
No confundamos el amor hacia Cristo y el amor hacia los demás. Primero viene el amor hacia Cristo, que es tener fe en Él, luego en consecuencia viene el amor hacia nuestro prójimo.
 
¿Qué hace que una persona como Jesús a pesar de ser inocente decidiera amar a sus enemigos? ¿Qué fue lo que lo fortaleció para que ese amor permaneciera firme a pesar de saber lo que le venía encima? Él sabía y conocía las promesas de su Padre, estaba completamente seguro que el Padre las cumpliría, Él puso su esperanza en el Padre y se gozó en la recompensa que vendría tras aquel sacrificio. La fe en las promesas de Dios fue lo que fortaleció a Jesús para resistir las pruebas.
 
El amor no es algo que brota de inmediato, el amor hacia nuestro prójimo requiere tiempo. Para recibir las promesas de Dios, debemos amar a nuestro prójimo no de una manera perfecta, pero si tiene que ir creciendo. Por ejemplo, si vamos creciendo en el amor vamos a empezar a perdonar las ofensas que nos han hecho, y no seguir guardando rencor por ofensas pasadas.
 
El amor hacia los demás es una evidencia de que nuestra fe es verdadera. Si la esencia de la fe mora en una persona, inminentemente la consecuencia será un amor creciente hacía el prójimo. El amor hacia los demás autentica nuestro llamamiento del Señor, ello confirmará que realmente somos hijos de Dios. En otras palabras, si nuestra fe en las promesas del Señor es real, nuestra vida reflejará el amor hacia nuestro prójimo.
 
En resumen: el amor hacia Cristo conlleva a tener fe en Él, luego, en consecuencia, amaremos a nuestro prójimo, amor que confirma nuestra relación interna con Dios, y ese amor deberá ir creciendo a medida que avanzamos en nuestra vida cristiana.