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34. Acercándonos a Dios

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Las promesas que el Señor Jesucristo ha dejado en Las Escrituras son solo para aquellos que aman al Señor realmente. La Biblia es clara en decir que para los seres que amen a Dios, Él será misericordioso y bondadoso, pero también está la contraparte: quienes aborrezcan al Señor, Él traerá destrucción para estos.
Él ha preparado gracia y la corona de vida para aquellos a quienes Él ha destinado para esta labor: los obedientes de corazón. Muchas veces nos adjudicamos promesas (mayormente acerca de dinero y salud) sin preguntarnos si en verdad hemos sido obedientes al Señor.
Esto nos lleva a pensar en que hay algunas condiciones que Dios ha fijado para acceder a sus bondades. Por ejemplo, Él siempre y en cada momento nos está diciendo que debemos acercarnos a Él para que Dios se acerque a nosotros. En 2 Crónicas 30:9 podemos ver como el Señor es clemente y misericordioso cuando el ser humano se acerca a Él. Los creyentes en Cristo podemos clamar a Dios por su gracia.
El temor a Dios es una condición para varias promesas de La Escritura. Este temor no se trata de un miedo sin sentido, sino que se trata de contemplar la grandiosidad del Señor. No debemos tener miedo de Dios, sino un temor de ver la realidad de su santidad y la realidad de nuestro pecado, que no es un juego o que no tiene importancia alguna. El principio de la sabiduría es el temor a Jehová.